Hoy iba a escribir (con ocasión del primer pase público de «PedidosYa»):
-Venid a ver a Farid y a Gianella en mi película con más bicicletas y por tanto menos «de autor» (aunque no puede evitar tener también algo de «película de autor«).
Y es que esta película que hice a sabiendas de que sería ignorada por casi todos los pocos y apreciados críticos que siguen mi filmografía fue comentada en España sólo por Emilio Porta pero en Argentina encontró una de los mejores análisis de cualquier película mía (quizás porque pretendía ser menos de autor que de costumbre):
«…la química del chico y la chica, sus dos intérpretes, es portentosa.
… es una nueva muestra de su destreza para hacer suya el habla de una ciudad en principio ajena.
…es la facilidad para inmiscuirse, siempre grácilmente, en esos raros momentos en que la vida parece cobrar un ímpetu inesperado al calor del ojo de la cámara.
…el director despliega sobre el mundo una mirada que es al mismo tiempo curiosa y desapegada.
…se trata de una película sobre la ciudad, sobre la luz, sobre el movimiento, el parloteo, el chamuyo. La felicidad de la existencia de una clase trabajadora que se tiene a sí misma –“Tengo la bici, tengo dos brazos, dos piernas; siento, veo, escucho”-, dice más o menos el protagonista: esa dicha de la propia fuerza que se vive con una naturalidad formidable.
…El tono ligero, como una danza…otorga al conjunto una cualidad musical
…como en el segundo encuentro en el que sin mediar palabra los protagonistas saltan uno en brazos del otro
…todo se ha dicho en el encuentro anterior, todo fue decidido en un cruce de miradas que la película ha captado como solo el cine puede hacerlo.
…Si algo distingue a la película es la vida que desborda por los cuatro costados, desde el primer fotograma, la primera secuencia en que el protagonista pedalea en su bicicleta por las calles de Buenos Aires sin restricciones, despreocupado como un rey.
…comedia de la vida, alegría de vivir…más vitalidad, más belleza, más bondad.»
Comentarios de David Obarrio:



